Jordi se consideraba un hombre de suerte. Había nacido en
una familia acomodada que le había proporcionado cariño, una exquisita
educación y un apellido ilustre. Antes de terminar sus estudios había empezado
a trabajar en la empresa familiar como adjunto a la Dirección. En la Escuela de Negocios había
conocido a Mercedes y, casi de inmediato, se enamoraron. Cuando ella se graduó se
casaron y se fueron a vivir a un piso que la familia de Mercedes tenía en
Pedralbes.
Al venir los gemelos decidieron, de común acuerdo, que era
preferible que ella dejara su trabajo en el banco y se dedicara a cuidarlos. Al
año, Mercedes le dijo a su marido que sentía que se estaba consumiendo y necesitaba volver a trabajar por lo que
tomaron una niñera para que se hiciera cargo de los niños mientras ellos
estaban fuera.
Por motivos de trabajo, Jordi tiene que viajar con
frecuencia a Madrid. Siempre que le es posible, prefiere ir y volver en el día.
Aunque la capital le gusta, odia las noches solitarias en el impersonal hotel
en el que a veces ha tenido que alojarse, porque una reunión se ha alargado más
de la cuenta. Por eso, hoy se siente particularmente afortunado. Para la hora
de la comida ha conseguido cerrar el contrato en el Ministerio y dispone de dos
horas hasta tomar el AVE que le devuelva a casa.
A la salida del Ministerio ve un anuncio de una exposición
sobre Rafael que se celebra en el Museo del Prado. Rafael es uno de sus
pintores favoritos. Quedó prendado de él cuando estuvo con Mercedes en Roma.
Consulta el horario y comprueba que puede hacer una visita rápida. La verdad es
que le apetece muchísimo, pero también le gustaría llegar pronto a casa y poder
jugar un rato con los gemelos, antes de bañarlos. Podría cambiar el billete y
llegar a casa una hora u hora y media antes de lo previsto. Jordi duda.
Opción A
La visita a la exposición de Rafael ha merecido la pena.
Aunque ha sido necesariamente rápida y no ha podido dedicar a cada cuadro más
de medio minuto, a Jordi le ha producido una extraordinaria impresión. Tiene
que comentárselo a Mercedes para que, aprovechando uno de sus viajes, venga a
verla.
El tren llega con puntualidad a la estación de Sants. Luce
un sol brillante. El suelo está mojado y el aire se siente limpio tras la
tormenta. Jordi toma un taxi y le indica al conductor la dirección de su casa.
En el camino pasan por delante de un hotel a cuyas puertas hay una
aglomeración. Al parecer, se hospeda un grupo musical famoso y sus fans llevan
horas esperando que salgan para pedirles un autógrafo.
Cuando Jordi llega a su casa encuentra a su mujer, todavía
con ropa de calle, que está en la habitación de los niños, sentada en el suelo
con ellos, sonriente, cantando una canción infantil. Mercedes tiene el pelo ligeramente húmedo. La
luz que entra por la ventana, tamizada por los visillos, realza el tono dorado
de sus cabellos. Jordi se agacha para besar a su esposa. Después se quita la
chaqueta, se desabrocha el nudo de la corbata y sentándose en el suelo se une
al coro:
-
“Una babosa. ¿Será peligrosa? ¿La piso o no la
piso? Uy, la pise. ¡Pobre babosa!”
Opción B
Jordi está contento porque ha podido cambiar el billete para
salir una hora antes. Ha tenido que pagar un extra porque ese tren es directo
pero así llegará todavía con más antelación. Piensa que podía llamar a Mercedes
para avisarla, pero prefiere darle la sorpresa. Le comentará lo de la
exposición de Rafael por si a ella le apetece ir a verla. Tal vez podrían
aprovechar uno de sus viajes o hacer una escapada romántica de fin de semana.
El tren llega con puntualidad a la estación de Sants. El
cielo está encapotado y el ambiente es bochornoso, presagiando tormenta. Jordi
toma un taxi y le indica al conductor la dirección de su casa. En el camino
pasan por delante de un hotel a cuyas puertas hay una aglomeración. Al parecer,
se hospeda un grupo musical famoso y sus fans están esperando que salgan para
pedirles un autógrafo. El taxi tiene que aminorar la velocidad hasta casi
pararse. Jordi mira hacia la entrada del hotel y ve una pareja que sale,
abrazados por la cintura y comiéndose a besos. Jordi se fija en el culo de la
mujer. Su vestido le recuerda uno que se estrenó Mercedes hace poco y el peinado
es como el de Mercedes. La pareja deja de besarse para tomar aliento y entonces
pueden verse sus rostros. El taxista se sobresalta cuando ve que Jordi abre
violentamente la puerta y sale mascullando: ¡La moto, yo la mato!.
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