jueves, 19 de abril de 2012

LA ENVIDIA


Eran las ocho de la tarde cuando, Juana y Luis, llegaron a la puerta de su casa. Estaban satisfechos, con todos los preparativos que durante varios días habían estado organizando.

--Este año parece que si lo hemos conseguido, comentó Luis.
--Si, pienso que si, respondió Juana, estoy deseando que llegue mañana sábado, para ver sus caras. Seguro que en esta ocasión, no sospechan nada.
--¿Que opinas?. Luis, asintió con la cabeza, y dijo antes de meter la llave, en la cerradura, de la puerta. --¡ Ahora, a seguir disimulando !. Abrieron la puerta, y saludaron. -- ¡ Hola, somos nosotros !. De repente escucharon por el pasillo, un ruido, como de potrillos galopando, eran Jorge y Kiko, que venían a su encuentro. --¡ Hola mamá, hola papá !. Abalanzándose los dos niños, sobre ellos. El abuelo también venía corriendo tras los dos nietos, exclamando:
--¡ Me alegro, de que ya estéis de vuelta !.
Se han portado muy bien. Y comenzó a dar su informe de todas las cosas que habían hecho los tres juntos esa tarde.
--Los recogí del colegio, les llevé al parque, han merendado, y hasta han terminado, todos los deberes que les mandaron en el colegio.
--Ahora comenzaba yo, a contarles un cuento.
--Si, si, un cuento muy divertido. De cuando el abuelo era pequeño, dijo Jorge.
Juana intervino: --eso está bien, y prosiguió. Gracias abuelo, por cuidarlos.
--Gracias a vosotros, por confiar en mí. Respondió muy satisfecho el abuelo.
--Ahora me voy, que la abuela estará a punto de llegar a casa, de sus clases.
--¿Abuelo, vienes mañana, a jugar con nosotros?. Preguntó Jorge. --Si, mañana vengo un ratito, y la abuela también.
--Vale, vale, saltaban de alegría los dos niños,dándole un abrazo a su abuelo, mientras este comenzaba a ponerse su chaqueta, para marcharse.
Kiko de pronto, salió corriendo dirección a la cocina. --¿Dónde vas?.
Le preguntó su papá. --Por el dibujo, que le he pintado a mi abuela, contestó según venía ya, con el dibujo en la mano. --Toma, abuelo, dáselo a la abuela.
--En cuanto llegue a casa, se lo daré de tu parte, dijo el abuelo. Hasta mañana a todos. Y se fue, bajando por las escaleras, con el dibujo en la mano. (No le gustaba bajar en el ascensor)
El resto de la noche, trascurrió con la rutina de cada día.

A la mañana siguiente, Juana, después de preparar el desayuno para todos, fue a despertar a los niños.
Al entrar en la habitación, se sorprendió al ver que Jorge no estaba en su cama. Y pensó que estaría en el baño. Fue a buscarle, pero…tampoco estaba allí, ¡ Que raro ! ¿Dónde se habrá escondido?.
--¿Jorge, donde estás ?. Pero Jorge no contestaba. ¡ Que raro es esto !.
Juana, agudizando el oído, le pareció escuchar, hip, hip…el sonido, venía del cuarto de estar, se acercó y encontró a Jorge, en un rincón llorando.
--¿Qué te pasa hijo ? --Nada, hip. --¿Como que nada?. Cuéntame que pasa, a ver si tiene solución. Jorge se abrazó a su mamá, y comenzó a llorar más fuerte.
--¿Te duele algo?. --No hip, no me duele nada. --¿No quieres contarle a mamá, lo que te hace llorar?. hip, hip, seguía llorando Jorge, sin soltarse de su mamá. --Tranquilo hijo, vamos a ver tu problema. Lentamente Jorge, comenzó a decir entre sollozos: --He visto una bicicleta roja, en el salón, con un lazo, y el nombre de Kiko. Pero Kiko, es más pequeño que yo. Y a él le queréis más que a mí, por eso a Kiko, le compráis bicicleta, y a mí, que soy más grande, no. Hip, hip…Y comenzó a llorar, con más fuerza.
Juana comprendiendo los sentimientos de su hijo, le susurró al oído: --Jorge, has mirado en el pasillo?. --No, hip. ¿Que hay en el pasillo, hip, hip?.
--Ve a mirarlo, luego vienes, y me lo cuentas. Jorge se soltó lentamente del cuello de su madre, limpiándose con el brazo las lágrimas, mientras seguía, hip, hip según caminaba al pasillo. De pronto, se escuchó a Jorge gritar.
--¡ Mamá, papá ! y dando saltos, llegó hasta donde se encontraba su mamá.
--¡ Hay una bicicleta azul, en el pasillo, y en el lazo, tiene mi nombre !. Venid, venid. Su papá acudió corriendo a la llamada de su hijo.
kiko, con tantos gritos se despertó, y saltando de la cama, fue a ver que pasaba. Todos estaban contentos, y sin saber por qué, él también se puso contento. --¿Qué pasa Jorge? La preguntó Kiko, a su hermano. Jorge le respondió. --Tengo una bici, tengo una bici. --¡Que bien Jorge, que bien !. ¿Me llevarás de paquete un ratito, cuando vallamos al parque?.
Que bien, lo pasaremos con tu bici, y que bonita es.
Jorge, sin parar de mirar, y acariciar su bicicleta azul, le dijo a su hermano:
--Ve al cuarto de estar, mira lo que tienes allí. --Voy Jorge. Respondió Kiko.
Juana en ese momento, abrazó a su hijo Jorge, y acercándose a su oído le dijo: --La envidia no es buena, los envidiosos, pocas veces están contentos.
HIJO, RECUERDA. ¡ LA ENVIDIA, ES UNA PERDIDA DE TIEMPO !.
Esa tarde, se reunieron toda la familia, para celebrar el cumpleaños de los dos niños. Jorge y Kiko, soplaron las velas de la rica tarta, que su mamá había preparado. Y colorín colorado, este cuento con un feliz cumpleaños, ha terminado.

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