El despertador se lo había
regalado Fermín cuando eran novios. Era uno de los primeros modelos de
radio-despertador, bajito y de ancha base, con una pantalla digital de leds
verdes y mandos a los lados. Al
principio a Tonia le parecía maravilloso eso de despertarse suavemente con
música en lugar de sobresaltarse cuando sonaba la estridente campanilla de su
antiguo reloj. Por la noche, al acostarse, activaba el despertador si tenía que
madrugar al día siguiente y sintonizaba su emisora favorita, programando la
radio para que se apagara a los veinte minutos. Decía que la arrullaba y se
quedaba dormida aunque en la tertulia radiofónica estuvieran discutiendo tirios
y troyanos.
Durante treinta años, aquel aparato
había marcado el ritmo de sus vidas. Había sido la voz que les había recordado sus
obligaciones cada mañana y el encargado de que no perdieran el avión aquel año
que fueron a Disneyland. Gracias a él sus hijos llegaron a tiempo al examen de
selectividad y Tonia había logrado todos los años el complemento de puntualidad
que daban en su empresa.
Y hoy había fallado. Esta
mañana, en lugar de encenderse a las 6:40 como estaba programado, permaneció
mudo. Los minutos fueron corriendo en su pantalla sin que nada rompiera el
silencio en el dormitorio, hasta que Fermín entreabrió un ojo y le llamó la
atención la claridad que entraba por la ventana. Entonces se incorporó y miró
al reloj. Cuando vió la hora que señalaba dio un brinco y exclamó:
- ¡Coño! ¡Son las siete y
veinte! ¡Voy a llegar tarde!- Y mientras decía esto se levantaba, se ponía su
batín y se dirigía apresuradamente al baño.
Tonia más pausada, se fue a
la cocina, puso la cafetera y se sentó en una silla. Estaba en actitud
pensativa, sujetándose la cabeza con el brazo que tenía apoyado en la mesa. Cuando
el café estuvo listo, se levantó y preparó dos tazas. Tomó una de ellas y se
volvió a sentar. Fermín apareció ajustándose el nudo de la corbata con la
habilidad que da la práctica continuada.
-
¿Qué haces ahí
sentada?- le dijo a su mujer y continuó sin esperar respuesta:
-
¿Seguro que
pusiste anoche el despertador?
-
Pues claro-
contestó ella.
Fermín fue al dormitorio para
terminar de vestirse y de paso, comprobó que efectivamente, el despertador
estaba programado para que la radio se encendiera a la hora de costumbre.
Cuando volvió a la cocina tomó la taza de café que le había preparado Tonia y
le dijo a su mujer:
-
Ese maldito
trasto nos la ha jugado. Habrá que jubilarlo.
-
¡Ni hablar! -
contesta ella.
-
¿No pensarás que
lo voy a llevar a arreglar? Ya no habrá piezas para ese equipo.
-
No quiero
arreglarlo, ni quiero cambiarlo por uno nuevo- respondió Tonia.
-
¿Entonces que
quieres?
-
No lo sé. Bueno
sí, quiero despertarme cada día cuando me lo pida el cuerpo.
Se levantó, fue al dormitorio
y volvió con el despertador apagado.
-
A partir de ahora
estará en la cocina- dijo conectándolo a un enchufe que había sobre la
encimera. En la radio empezó a sonar una canción de Withney Houston.
-
¡Tú estás loca!
¿A qué hora nos despertaremos mañana? ¿A las 8? ¿Y pasado, a las 6? Ya te
puedes ir olvidando del premio de puntualidad este mes- dijo Fermín
-
Me importa un
bledo- le contestó ella
-
Y yo, ¿qué le voy
a decir a mi jefe cuando llegue cada día a una hora?
-
!Dile lo que quieras!¡Dile que
te suba el sueldo! De momento, yo hoy me tomo el día libre.

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