jueves, 2 de febrero de 2012

SOPAS DE AJO

Mi abuela vivió sola en su casa del pueblo hasta que tuvo casi ochenta años. Desde que mi abuelo murió, y eso fue muy pronto, porque yo casi ni le recuerdo, hasta que un día de golpe y porrazo algo cambió en su mirada y tuvimos que traerla a la ciudad a vivir con nosotros. Fue entonces cuando comprendí con claridad eso que llaman los saltos generacionales,  que hacen que los nietos se entiendan mejor con sus abuelos de lo que se entienden con sus padres. Mi madre se enfadaba con mi abuela continuamente, al igual que yo lo hacía con ella, y en cambio mi abuela y yo nos llevábamos a las mil maravillas.
Siempre tendré en mi recuerdo aquellos tres años que vivió con nosotros, hasta que aquello, que había hecho presencia en su mirada, se la llevó por delante. Durante esos tres años se instaló en nuestra casa el olor a pueblo que mi abuela llevaba impregnado en sus ropas, su pelo blanco como el algodón y sus manos de trabajadora. Todas las mañanas me despertaba temprano y salía corriendo de la cama para poder verla, ahí sentada en la cocina, con los cristales de las ventanas empañados por su calor humano, con la hogaza de pan del día anterior apoyada en su regazo como un violín y con el cuchillo en mano como el arco cortando pequeños trozos de rebanada de pan, que sonaban a notas musicales al caer al puchero de barro. Era todo un ritual, el agua hirviendo, el olor a ajo machacado en el mortero, el pimentón, ah el pimentón, ese era el principal problema entre mi madre y ella, picante o no. Esa era la discusión eterna de todas la mañanas, y la que yo me encargaba de boicotear cambiando el bote de pimentón dulce por el picante en cuanto mi madre salía de la cocina o se despistaba.
Sigo acordándome aún de aquellos años, cuando vuelvo a la casa familiar y rompo con el salto generacional cortándole a mi madre un trozo de chorizo picante a escondidas, cuando mi hermana mayor se despista de la cocina, y me parece ver en los ojos de ella aquel brillo que veía en los de mi abuela.

Sofía Menéndez
27.01.12

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