Cada mañana al despertar, Rosa contempla desde la cama el cielo, que
poco
a poco, se va aclarando y la cúpula de una iglesia cercana. Es una
cúpula de estilo bizantino, cubierta de mosaicos multicolores, que tiene
a Rosa fascinada.
Esta mañana, al contemplar dicha
cúpula, el recuerdo de las últimas vacaciones, hizo reflexionar a Rosa
sobre los cambios que había sufrido su vida desde ese momento.
Viajó
sola a Estambul, con la intención de descubrir cada rincón de esa
maravillosa ciudad. Tras contemplar una espléndida puesta de sol en el
Bósforo y tomar una ligera cena, se retiró a descansar.
Comienza
el nuevo día con gran vitalidad e ilusión. Durante toda la mañana no
para de deambular, hasta que al mediodía el estómago le reclama un poco
de atención. No tardó en encontrar un restaurante, que le resultó muy
acogedor. Para acompañar la comida pide una copa de vino y ahí viene la
sorpresa: muy educadamente le informan que no pueden servir alcohol a
las damas. Ofendida, se levanta y se encamina hacia la salida. Los pocos
comensales (en su mayoría hombres) la contemplan sorprendidos,
especialmente porque va sola.
Sale tan atolondrada a la
calle, que tropieza con un peatón. Al disculparse, el atropellado la
identifica como compatriota y se presenta. Pedro es un malagueño entrado
en años. Pintor, un tanto bohemio, que llegó a Estambul por un encargo
concreto, pero ya lleva allí veinte años.
Cuando Rosa le
cuenta a Pedro lo que acaba de ocurrir en el restaurante, éste se ofrece
para acompañarla a otro lugar, donde no tendrá que prescindir del vino
en la comida. Allí se dirigen y la conversación que mantienen durante el
almuerzo hará que la vida profesional de Rosa de un giro de 180 grados.
Al regresar a Madrid, nuestra protagonista tiene en mente nuevos proyectos, que no tarda en llevar a la práctica.
Siempre
se sintió un tanto frustrada por no haber podido realizar sus sueños de
estudiar Bellas Artes. Siguiendo el fluir de la vida, ha realizado
distintos trabajos y el que ha tenido últimamente como secretaria, no
colmaba sus anhelos. Su encuentro con Estambul y especialmente con
Pedro, le lleva a la decisión de aceptar un trabajo de dibujante en un
estudio de Arquitectura y aquí tenemos a Rosa, lápiz en ristre, por la
calles de Madrid dibujando cuanto edificio interesante encuentra a su
paso y sintiéndose totalmente realizada. El tener una jornada flexible,
le va a permitir además iniciar su carrera en Bellas Artes.
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