Era una bonita mañana de primavera, Paloma se fue a pasear por
el parque cercano a su casa y se encontró a su amiga Candela.
* !! Paloma, qué alegría ¡¡. Tenía muchas ganas de verte y además te vas a sorprender con el notición que tengo que darte.
*
Yo también me alegro de verte y ya me tienes intrigada con esa noticia
que anuncias con tanto entusiasmo. Vayamos a tomar algo mientras
conversamos.
Ambas amigas se dirigen a la terraza
junto al estanque y una vez servidas las bebidas, se dirigen mutuamente
miradas llenas de complicidad.
* Y bien, cuenta, cuenta – dice Paloma.
*
Pues verás, -- continua Candela. Hace un par de días estaba en el
vestuario del gimnasio y escucho una conversación a dos desconocidas que
me dejó impactada. Hablaban de una forma un tanto enigmática, pero yo
puse mis cinco sentidos en estado de alerta y no te imaginas lo que pude
ir asociando.
* Vamos, vamos, Candela. Ve al grano y no me intrigues más, -- comenta Paloma.
*
Atenta, pues. Comentaban entre ellas sobre los efectos que producían
unas pastillas que ambas consumían para mantenerse en forma. Noté a una
de ellas muy preocupada y además yo la veía excesivamente delgada. Anoté
mentalmente el nombre de las susodichas pastillas, cuando las nombraron
y con la curiosidad que me caracteriza, llegué a casa y empecé a
indagar en Internet. Sorpréndete : el principal efecto secundario de ese
producto es el riesgo a un cáncer. ¿Tu crees que vale la pena correr
ese riesgo por estar en forma?
* Por supuesto que no – respondió Paloma. Vamos a olvidarnos de la figura y vayamos a deleitarnos con una gran mariscada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.